jueves, 15 de diciembre de 2011

¿Cómo enseñar música?


Cuando estudiaba piano en el conservatorio me di cuenta de cómo muchos de los profesores tornaban nuestro placer de escuchar y tocar música en una tortura. Cuando te equivocabas en una nota parecía que eras un fracasado y te ponían por la suela de los zapatos así que llegabas a casa desolado y a veces hasta con lágrimas en los ojos. Muchos abandonaban y no volvían a tocar su instrumento nunca. Sólo quedábamos los más “fuertes” o los más cabezotas que nos empeñábamos en terminar aquello que nos estaba costando tanto esfuerzo y nos decíamos: “¡Ya no es hora de abandonar! Queda muy poco ¡Puedo conseguirlo!”.

Por otro lado, en el colegio, el típico profesor de música te mandaba tocar las campanitas del lugar con la flauta y uno se preguntaba ¿Para qué sirve tocar la flauta?¿por qué tengo que tocar la flauta y no otro instrumento? Luego te enseñaba un par de notas musicales y estudiabas la historia de la música a través de un libro que contaba pequeñas mentirijillas acerca de las etapas de la historia y sus compositores. Además siempre que se ponía música en el aula sólo se trataba de música clásica. El resultado no dejaba de ser el mismo que el del conservatorio, esto es, cuando terminabas los cursos del colegio, a parte de que no habías aprendido nada, acababas harto de las mismas obras de música clásica y de la flauta.

Así pues, es necesario que cambiemos nuestra forma de enseñar música. Si nos preguntasen cuáles son los principales conceptos de la especialidad (música) y cómo los enseñaríamos lo primero que me vendría a la mente sería empezar a enseñar a que los niños amasen la música. Así de sencillo. Cuando uno ama algo se esfuerza lo máximo que puede por comprenderlo y también por compartirlo con otras personas.

En el caso de la música, vivimos rodeada de ella. Es raro el chaval que no se pone música en su mp3, el ordenador o en casa. Así que para enseñar conceptos como tiempo, altura, timbre e intensidad (cualidades básicas de la música) podremos hacerlo desde la música que ellos elijan, es decir, aquello que les es cercano y que de alguna forma influye en sus vidas.

También se puede enseñar a través del cine (todas las películas van acompañadas de música). Cuando una película nos hace sentir miedo, angustia o melancolia es en gran parte por la música que suena en cada momento.

La música tiene un gran efecto en el “alma” del ser humano. En la actualidad se hacen extensos estudios sobre musicoterapia y hasta la música que nos ponen en una tienda de ropa está cuidadosamente elegida para atraer un tipo de público muy determinado. Así pues, aprovechémonos de ese poder para dar nuestras clases de música.

La historia de la música tampoco tiene porqué ser algo tan aburrido. Seguro que todos recordaremos aquél programa de televisión llamado “El conciertazo” presentado por Fernando Argenta, en el cual, todos los niños prestaban la máxima atención a todo detalle del espectáculo. Fernando Argenta también presentaba un programa de radio en el cual explicaba la historia de la música incluyendo anecdotas muy graciosas sobre compositores o situaciones de la época con las cuales ésta se hacía de lo más ameno. Esto no tendría por qué ser tan difícil con chicos de secundaria, sólo hay que ponerle voluntad.

Por último me parece muy importante hacerles ver a los alumnos de secundaria cómo la música clásica no es algo tan anticuado, pues todos los estilos modernos de música (pop, rock, heavy, rap, bacalao...) también recuperan obras clásicas para componer sus canciones.

En resumen, debemos poner imaginación y creatividad a la hora de dar las clases de música, intentando acercarnos lo máximo posible a todo aquello que al alumno le es cercano. Es esencial que los alumnos salgan de las clases amando la música.

Iris.

lunes, 5 de diciembre de 2011

¿Podemos cambiar nuestra identidad?

Tras ver un par de veces más el vídeo de "Do the oposite" de la serie de Seinfeld acabo de darme cuenta que dos personas muy cercanas a mí también vivieron una experiencia parecida a la que se propone en dicho vídeo. 

Estas dos personas, amigos y exparejas mías, pasaron por una misma etapa, la de preguntarse qué hacer en sus vidas. La razón de que surgiese ese planteamiento en sus mentes era que no estaban contentos con la vida que llevaban. Uno, aun con sus 24 años seguía actuando como si 15 años tuviese. Tomaba decisiones equivocadas y era más bien poco responsable. Cerraba los ojos ante las dificultades de la vida y sentía cómo todo aquello que le rodeaba se le escapaba de las manos (sus amigos, pareja, familia...). Los últimos meses que pasé con él no hacía más que repetirme que "quería cambiar de vida" aunque lo que realmente significaba es que quería dejar de ser la persona que era. Tras unos meses lo dejó todo, familia, novia, amigos..... y el resultado ha sido el mismo. Él sigue siendo él solo que con unos cuantos años más y quizá aún más harto de la vida que le persigue y que es incapaz de cambiar.

La otra persona de la que hablaba, un pelín egocentrista, muy inseguro, no muy hábil con las mujeres y con las características propias de un músico bohemio, tras romper con una de sus exparejas quiso irse a otra zona de España para empezar "una vida nueva" donde nadie le conociese y poder enmendar los errores de su entonces vida presente. Al final no se atrevió a realizar dicho viaje no sólo porque no estaba convencido de poder hacerlo sino porque también yo le indiqué que no le sería tan fácil cambiar de vida pues el primero que tenía que cambiar era él. Algo mejor le ha ido que al anterior, pero sigue quejándose de algunos aspectos de su vida.

Creo que, al igual que le ocurre al personaje de la serie de Seinfeld, si queremos cambiar nuestra vida primero debemos cambiar nosotros mismos. En caso contrario lo único que estaremos intentando es adaptar, con una nueva actitud, nuestro entorno a nosotros. Si nada cambia en nosotros mismos nuestro entorno seguirá comportándose ante nosotros del mismo modo. Por ejemplo, en el video, el protagonista decide, en contraposición con otras veces, acercarse a una mujer e intentar charlar con la esperanza de ligar con ella. Pero aunque realiza la acción opuesta su comportamiento no deja de ser opuesto a su forma de ser y por lo tanto la situación con respecto a resultados anteriores no cambia.

Cambiar nuestra forma de ser, es decir, nuestra identidad, no es fácil. Antes debemos ser reflexivos ante nosotros mismos, ser conscientes de lo que hacemos, cómo lo hacemos y los resultados que obtenemos. Es un proceso doloroso para la persona ya que es probable que al principio no quiera reconocer el origen de sus problemas (como el alcohólico que no reconoce tener un problema con el alcohol). Deberemos pues, explorar otras vías de conducta y de relación con aquello que nos rodea y ser conscientes a base de prueba y error de aquello que funciona y lo que no.

Aprendemos a través del error y por lo tanto, cuantas más veces tropecemos ante diferentes piedras más aprenderemos acerca del camino que seguimos, el que hemos seguido y que querremos seguir en un futuro, es decir, seremos conscientes de nuestra propia identidad.

Para terminar con mi primera entrada, recomiendo ver la película "atrapado en el tiempo" (también llamada "el día de la marmota") donde el protagonista se ve condenado a revivir, una y otra vez, el mismo día. En ella el protagonista se ve obligado a sufrir una crisis de identidad, a través de la cual descubrirá quién es quien quiere ser.

Iris.