En la última sesión teórica de
Organización la profesora, Teresa Oliva, nos presentó tres videos relacionados
con la atención a la diversidad, a saber: “El
viaje de María”, “El cazo de Lorenzo” y “Por
cuatro esquinitas de nada”.
En las aulas, como
maestros, deberemos ser conscientes de la diversidad de nuestro alumnado. Esta
diversidad no solo estará integrada por alumnos con deficiencias físicas o
psíquicas, sino también y como ya vimos en la asignatura, por alumnos con
dificultades de aprendizaje, desconocimiento del idioma o alumnos con altas
capacidades de aprendizaje. Además cada alumno poseerá un contexto diferente
dentro y fuera del aula que determinará también su comportamiento,
preocupaciones e intereses.
Así pues, si queremos que
el aprendizaje de nuestros alumnos sea significativo y constructivo deberemos
tomar a dicho alumnado como el centro de nuestra atención, esto es, partir de
dichas preocupaciones e intereses, además de sus conocimientos previos. Es
decir, no deberá ser el alumno quien deba ajustarse a nuestras enseñanzas o
leyes educativas sino al contrario, deberemos ser las propias instituciones y
agentes educativos quienes hagan accesible el aprendizaje a todo el alumnado
sean cual sean sus características.
Para ello deberemos
posicionarnos ante el alumnado con una actitud de respeto y comprensiva,
intentando ver el lado positivo de sus puntos fuertes y sus deficiencias, así
como de sus utilidades. Deberemos romper las barreras sociales, esto es, los
prejuicios que la propia sociedad posee de personas con ciertas debilidades o
enfermedades, haciendo de dichas debilidades unas fortalezas.
A este respecto tengo un
recuerdo muy agradable de una experiencia docente que tuve hace un par de años.
Debía dar una sesión de un taller de Música y Movimiento a los alumnos de
infantil de un colegio público a modo de actividad extraescolar. En uno de los
grupos de 4 años había una niña con un grado de Síndrome de Down bastante
elevado. Su profesora de apoyo me dijo que sería probable que la niña no
quisiera participar en algunos juegos así como que no hablara en toda la sesión
puesto que rara vez lo hacía. Sin embargo, lejos de olvidarme de ella y dejar
que su cuidadora se ocupara de la niña, intenté implicarla en todos los juegos
y bailes que hicimos, de tal forma que la niña empezó a sonreir y mostrar un gran
grado de satisfacción con las labores que estaba realizando. Inclusive empezó a
mostrar iniciativa de realizar algunos movimientos corporales que debían
realizarse para el baile de alguna canción que les enseñé y hacia el final de
la clase empezó a hablar y a decir los nombres de todos sus compañeros. Cuando
tuvimos que despedirnos porque la sesión había finalizado, la niña me dio un
fuerte abrazo, algo que por lo visto no solía hacer con nadie. Esta experiencia
me dio las claves para entender que es posible alcanzar el interés,
conocimiento y amor por parte de cualquier alumno si uno es capaz de atenderlos
desde sus necesidades y capacidades.
En este sentido, en “El viaje de María”, su padre ha de
comprender primeramente las limitaciones y capacidades de su hija con autismo a
fin de comprenderlas y partir de ellas para proporcionarle una adecuada
educación.
“El
cazo de Lorenzo” nos muestra lo importante que puede ser que una
persona haga de las limitaciones de uno sus puntos fuertes, así como demuestre
a los demás otras grandes cualidades que puedan tener personas con necesidades
especiales.
Por último, “Por cuatro esquinitas de nada” es una
bonita metáfora de que no han de ser las personas con necesidades especiales
las que deban adaptarse a nuestro mundo, sino nosotros quienes debemos
comprenderlas y darles cabida en nuestra sociedad, amándolas y respetándolas.
Los profesores de apoyo y
los equipos de atención psicopedagógica pueden servir de gran ayuda para la
integración de estos niños en el aula, pero de nada servirá si los maestros no
hacemos nada por atender a la diversidad y hacer de esta una ventaja en el aula
más que un impedimento. Esto es, habrá que propiciar un ambiente integrador en
el aula, en la que todos los alumnos se sientan respetados y amados, así como
atendidos según sus necesidades.