El debate acerca de la
LOMCE desarrollado en una de las sesiones de Organización fue todo un desastre.
Una semana antes de dicha
sesión se había avisado a los alumnos por parte de la profesora de que
leyéramos el documento de Urueñuela correspondiente a esta nueva ley. Sin embargo,
y como suele ocurrir, solo una minoría había seguido dichas instrucciones y
llevaba preparado el tema (yo entre ellos), por lo que tuvimos que perder una
hora de clase a fin de que el resto al menos pudiera opinar sobre algo y
supiera algo sobre los puntos básicos del debate.
Estamos en la Universidad
y creo que esa oportunidad para leerlo en clase sobró, sobre todo cuando
aquellos que lo llevábamos preparados no tuvimos nada que hacer en dicho
periodo de tiempo. Además dicho tiempo se agotó solo con la lectura del
documento de Urueña por lo que no hubo oportunidad de poner en común ideas
dentro de cada grupo y menos aún de elegir un portavoz único que las
defendiera.
Así pues, la sesión se
convirtió más bien en un debate de aquellos que llevábamos mejor preparado el
tema y la participación extraordinaria de otra minoría que de verdad había aprovechado
esa hora inicial de lectura (afortunadamente).
Por otro lado, considero
que el documento de Urueñuela no era el más adecuado para trabajarlo en una sesión
de debate ya que éste consistía más bien en un resumen de la ley por parte de
dicho autor al que además se añadía opiniones personales. De esta forma, si
debíamos ser nosotros quienes sacáramos las ideas principales de la LOMCE así
como nuestras opiniones personales lo ideal hubiera sido centrar nuestra
lectura únicamente en el decreto de dicha ley. Como mucho podríamos haber
comparado nuestras conclusiones con las de Urueña a fin de tener una visión aún
más global.
Estas circunstancias, como decía, hicieron que emplear un debate como metodología de trabajo del tema en cuestión fuera un auténtico caos.
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