lunes, 23 de marzo de 2015

La evaluación psicopedagógica



A partir de los apuntes tomados en clase y el documento colgado en la BlackBoard realicé el siguiente resumen:




Para una correcta evaluación psicopedagógica además es necesaria una correcta colaboración de los padres. En muchas ocasiones éstos se niegan a admitir los problemas, sobre todo psicológicos, de sus hijos por lo que o bien los ocultan o los niegan rotundamente. Por ello será necesario en determinados casos no solo desempeñar una atención personalizada a los alumnos con necesidades específicas educativas sino también a sus propios padres.
En lo que llevo de experiencia docente como profesora de piano me he encontrado con los siguientes casos:

  • Hermanos autistas: Sus comportamientos eran claramente autistas: no hablaban, no mostraban ninguna emoción gestual, nunca miraban a los ojos, no les gustaba el contacto humano y a veces, cuando se ponían nerviosos, hacían movimientos repetitivos y corporales. Sin embargo, por más que se intentó desde mi posición y la directiva por hablar con los padres de los problemas de sus hijos éstos nunca nos confirmaron ni nos desmintieron nada, simplemente se limitaban a mantener la boca cerrada. Esto hizo de la tarea educativa algo complicado para poder adaptar cualquier enseñanza a las necesidades reales de dichos alumnos.
  • Chica de 18 años con Síndrome de Asperger: Su padre no me comunicó su circunstancia hasta que no cumplió un año conmigo, tras solicitarle hablar con él ya que yo notaba que tenía algunos comportamientos extraños y detectar que determinados conceptos no era capaz de aprenderlos. Su padre me confesó que era reticente a contarle la dolencia de su hija a la gente porque pensaba que entonces la tratarían de una manera diferente o la excluirían. Ahora sigo dándole clases y he adaptado mi metodología a sus necesidades, comprobando una gran mejoría en su proceso de aprendizaje.
  •  Alumno de 7 años con TDAH: Cuando lo conocí, en la primera sesión de clase supe que poseía este trastorno debido a su comportamiento. Cuando su padre entró al aula para saber qué tal había ido su primera clase le insinué que su hijo era un poco nervioso y que se dispersaba un poco a fin de que me confesara las características concretas de las necesidades de su hijo, sin embargo aunque asintió con la cabeza y su expresión denotaba saber mucho más de lo que yo le indiqué no quiso darme ningún tipo de información.
Estos alumnos, al asistir a clases de academias privadas de música, salvo que sean los padres quienes nos den la información adecuada para poder atender a sus hijos de forma adecuada a sus necesidades, por parte de los profesores solo podemos deducir qué tipo de enfermedades pueden tener e intentar adaptarnos a ellas lo mejor que podemos.
 

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